Melón entero sobre alacena ventilada con luz natural suave
Hay frutas que parecen eternas, pero otras, como el melón, pueden arruinarse en apenas días si no se almacenan bien. En España, donde esta fruta se disfruta durante gran parte del año, existe una clave sencilla para alargar su frescura sin perder sabor: el sitio en el que la guardas.
El melón entero, sin cortar, se conserva mejor a temperatura ambiente, lejos de la luz directa del sol y, preferentemente, en una alacena ventilada. Pero el secreto está en mantenerlo a una temperatura constante de entre 18 y 20 grados. En esas condiciones, puede aguantar hasta 14 días sin abrir. Es un truco útil especialmente durante los meses menos calurosos o si vives en zonas con temperaturas templadas.
Una vez que cortas el melón, la situación cambia por completo. Al exponer su pulpa al aire, se activa el proceso de oxidación, que reduce su frescura en cuestión de horas. Para alargar su vida, lo mejor es envolver los trozos en film transparente o guardarlos en un recipiente hermético dentro del refrigerador, donde durarán entre tres y cinco días.
Además, es importante evitar colocarlos cerca de alimentos con olores fuertes, como el ajo o el pescado, ya que su pulpa tiende a absorber fácilmente otros aromas. Del mismo modo, si optas por congelarlo, aunque el sabor se mantiene, la textura puede volverse más aguada al descongelarlo.
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