Preferencia por lo dulce y la influencia de los genes
Elegir chocolate antes que unas papas fritas podría tener una explicación más compleja que una simple costumbre. En España, nuevas investigaciones vuelven a poner el foco en cómo la genética participa en nuestras preferencias por determinados sabores.
Los genes no deciden completamente qué alimentos gustan. El entorno, la cultura, las experiencias y los hábitos también intervienen. Sin embargo, estudios con gemelos indican que una parte importante de la preferencia por el sabor dulce puede heredarse.
Una investigación publicada en 2025 estudió gemelos de Finlandia y Reino Unido. Los científicos estimaron que los factores genéticos explicaban entre 30 y 48 por ciento de las diferencias observadas en el gusto por lo dulce.
Además, el ambiente individual explicó entre 52 y 70 por ciento de esa variación. Esto muestra que los genes importan, pero las experiencias personales también desempeñan un papel considerable en nuestras elecciones alimentarias.
Otro estudio encontró asociaciones entre variantes de los genes TAS1R2 y TAS1R3 y diferentes niveles de preferencia por soluciones dulces. Asimismo, los resultados relacionaron esas diferencias con determinados patrones de consumo.
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Las preferencias alimentarias no permanecen necesariamente iguales durante toda la vida. La exposición repetida a determinados alimentos, las costumbres familiares y la alimentación habitual pueden influir en aquello que resulta agradable.
Por otro lado, preferir alimentos dulces no significa automáticamente consumir demasiado azúcar. De igual manera, disfrutar sabores salados tampoco determina por sí solo una alimentación rica en sodio. Las elecciones cotidianas siguen siendo importantes.
El estudio de gemelos incluyó a 468 participantes de Finlandia y 967 del Reino Unido. Sus resultados atribuyeron una mayor proporción de las diferencias en el gusto por lo dulce al ambiente individual que a la genética, reforzando la idea de que las preferencias combinan biología y experiencias.
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