Ese deseo repentino por chocolate, papas fritas o algún alimento específico no siempre aparece porque el cuerpo necesite energía. En España, el nutricionista Pablo Ojeda propone observar el impulso antes de responder automáticamente y distinguirlo del hambre física.
Ojeda sostiene que muchos antojos pueden perder intensidad después de unos 10 o 15 minutos. Su recomendación consiste en esperar antes de decidir y realizar otra actividad durante ese intervalo. La evidencia disponible respalda la utilidad de distraerse brevemente, aunque no establece que todos los antojos desaparezcan exactamente en diez minutos.
Antojos de comida y hambre no son iguales
El hambre física suele aumentar gradualmente y puede satisfacerse con diferentes alimentos. Un antojo, en cambio, puede surgir repentinamente y dirigirse hacia un sabor o producto concreto. El estrés, aburrimiento y diferentes estímulos ambientales también pueden influir.
Además, Harvard recomienda probar actividades como caminar entre cinco y diez minutos, escuchar música o practicar respiración consciente. Estas estrategias pueden cambiar temporalmente el foco de atención y permitir observar si el deseo disminuye.
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Comer sin prohibiciones también importa
Convertir determinados alimentos en completamente prohibidos no siempre ayuda. La alimentación consciente propone reconocer sensaciones, emociones y señales corporales sin juzgarlas, para tomar decisiones con mayor atención.
Asimismo, comer regularmente puede prevenir que el hambre intensa se confunda con un antojo. Combinar proteínas y alimentos ricos en fibra ayuda a mantener la saciedad durante más tiempo.
Una revisión citada por Harvard analizó 68 estudios sobre mindfulness y alimentación consciente. Estas estrategias mostraron mejoras en conductas como reconocer la saciedad y comer más despacio, con resultados especialmente favorables frente a la alimentación emocional y los episodios de atracón.