Por qué el alcohol da hambre y cómo evitar comer de más
Salir a tomar una copa puede parecer inofensivo, pero en muchos casos termina con una visita improvisada al refrigerador o al puesto de comida rápida. En España, donde el tapeo forma parte de la cultura social, esta combinación entre alcohol y comida no solo es común, sino esperada. Sin embargo, la razón detrás de ese “ataque de hambre” tras beber no es solo costumbre, también es biológica.
El alcohol estimula una zona del cerebro llamada hipotálamo, encargada, entre otras cosas, de regular el apetito. Investigaciones recientes han comprobado que esta sustancia activa ciertas neuronas que normalmente se despiertan cuando el cuerpo necesita energía. Aunque hayas cenado antes de salir, el cerebro interpretará que necesitas más comida.
Además del impacto cerebral, el alcohol reduce los niveles de glucosa en sangre. Eso puede provocar una sensación de vacío en el estómago, lo cual se traduce rápidamente en antojo. Como si fuera poco, también interfiere con el autocontrol. Es por eso que muchas personas terminan eligiendo alimentos muy calóricos, como hamburguesas o frituras, incluso si no tenían hambre real.
Por otro lado, en estados como Madrid o Barcelona, donde la oferta gastronómica nocturna es amplia, la relación entre alcohol y comida es una tentación constante. El problema aparece cuando esto se vuelve rutina: el consumo frecuente de alcohol sumado a una alimentación desbalanceada puede alterar tus hábitos de salud y favorecer el aumento de peso.
Una estrategia útil es asegurarte de cenar bien antes de beber, incluyendo proteína, grasas saludables y fibra. Eso ayuda a mantener estables los niveles de glucosa y reduce el impulso de comer de más. También es importante mantenerse hidratado, ya que muchas veces se confunde la sed con el hambre.
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