Malnutrición y su relación con las enfermedades
Tener comida disponible todos los días no garantiza que el organismo reciba o aproveche todos los nutrientes necesarios. Algunas enfermedades pueden reducir el apetito, dificultar la absorción de nutrientes o modificar las necesidades de energía y proteínas. Esta situación puede provocar malnutrición incluso en personas que continúan comiendo regularmente.
La malnutrición relacionada con una enfermedad puede afectar entre el 20 y el 50 porcentaje de los pacientes, de acuerdo con estimaciones difundidas por la Alianza Alimentación con Propósito. El problema merece atención porque puede aparecer durante diferentes enfermedades y tratamientos, sin limitarse necesariamente a personas con bajo peso.
Una enfermedad puede modificar la forma en que el cuerpo recibe y utiliza los nutrientes. La falta de apetito, las dificultades para comer y determinados problemas de absorción pueden reducir el aporte nutricional. En otros casos, el organismo necesita más energía o nutrientes durante el tratamiento y la recuperación.
Las consecuencias tampoco se reflejan exclusivamente en la báscula. La pérdida involuntaria de peso, una disminución de masa muscular, menor fuerza y cambios en el desempeño físico pueden indicar que una persona necesita una valoración nutricional.
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Una alimentación saludable debe aportar suficientes proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas y minerales de acuerdo con las necesidades individuales. La Organización Mundial de la Salud señala cuatro principios fundamentales para una dieta saludable, que son adecuación, equilibrio, moderación y diversidad.
Cuando existe una enfermedad, estas necesidades pueden cambiar. Por ello, no conviene iniciar suplementos o productos nutricionales especializados sin una valoración profesional. El equipo médico puede determinar si resulta necesario modificar la alimentación o incorporar apoyo nutricional específico.
La detección temprana resulta especialmente importante porque la malnutrición relacionada con enfermedades se asocia con mayor riesgo de complicaciones, hospitalizaciones prolongadas y readmisiones. Reconocer cambios en el apetito, peso, fuerza o capacidad para comer permite solicitar orientación antes de que el problema avance.
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