Algo importante está ocurriendo en los hábitos de consumo de los mexicanos. A partir del segundo semestre de 2025, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) reportó una baja en la venta de productos como el tabaco y las bebidas alcohólicas. ¿La razón? Un ajuste en los llamados “impuestos saludables”, cuyo objetivo no es castigar, sino proteger la salud pública.
El Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) que aplica a productos que afectan la salud cuando se consumen en exceso. Desde entonces, se ha notado una disminución real en su demanda, especialmente entre personas jóvenes y en sectores de bajos ingresos. Esta medida, aunque financiera en apariencia, también actúa como un mensaje claro: cuidar lo que consumimos importa.
¿Por qué los impuestos pueden mejorar la salud?
La idea detrás del impuesto saludable es sencilla: cuando sube el precio de un producto nocivo, se piensa dos veces antes de comprarlo. Esta estrategia ha funcionado en otros países y ahora muestra resultados positivos en México. Menos consumo de tabaco y alcohol significa también menos riesgo de enfermedades como cirrosis, cáncer o problemas cardiovasculares.
Además, lo recaudado por estos impuestos puede destinarse a programas de salud pública y prevención. De esta manera, no solo se desincentiva el consumo dañino, sino que se fortalece el sistema de salud.
Este tipo de medidas marcan un camino posible para futuras regulaciones. Ya se habla de ajustar impuestos similares a productos ultraprocesados, bebidas energéticas y snacks con alto contenido en sodio o azúcar.