Disfrutar de un postre no tiene por qué significar un salto brusco de glucosa en sangre si se elige bien el momento del día y cómo acompañarlo. La idea no es eliminar el dulce, sino saber cuándo y con qué combinarlo para que el cuerpo lo procese mejor y no genere picos indeseados. Esta recomendación es relevante para personas en Argentina y otros países conscientes de su salud metabólica.
Especialistas en nutrición y salud metabólica sugieren que el cuerpo responde mejor al azúcar cuando no está solo. En otras palabras, comer un postre justo después de una comida completa que incluye proteínas, grasas saludables y fibra puede ayudar a que la glucosa se absorba más lentamente en el organismo, reduciendo su impacto en la sangre.
¿Cuál es el mejor momento del día?
Lo ideal es reservar los dulces para después de las comidas principales como el almuerzo o la merienda. Cuando el postre se consume junto con alimentos que ya contienen otros macronutrientes, la digestión se ralentiza y evita que el azúcar llegue de golpe al torrente sanguíneo.
Del mismo modo, evitar comer postres a primera hora de la mañana con el estómago vacío o muy tarde en la noche favorece una respuesta más estable de glucosa. Con el estómago vacío el azúcar se absorbe rápido y puede causar subidas y bajadas bruscas en los niveles de glucosa.
Además, elegir postres con menor índice glucémico como frutas frescas, yogur natural con un toque de miel o postres que incluyan fibra y grasas saludables hace que la digestión sea más lenta y el efecto sobre el azúcar en sangre más moderado.
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