Recomendaciones para almacenar frutas delicadas

Esta fruta de color rojo intenso se distingue por su aroma dulce y sabor ligeramente ácido. Durante noviembre suele encontrarse con mejor calidad, mayor disponibilidad y precios más accesibles, por lo que puede incorporarse fácilmente a desayunos, postres y colaciones.

Sin embargo, se trata de una fruta delicada que puede desarrollar moho o perder firmeza rápidamente. La humedad, el calor y la presión entre las piezas aceleran su deterioro, especialmente cuando se guarda mojada o demasiado apretada dentro del refrigerador.

Elegir piezas de buena calidad y almacenarlas correctamente permite reducir el desperdicio de alimentos. También ayuda a aprovechar su contenido de vitamina C, fibra y compuestos antioxidantes dentro de una alimentación variada.

¿Qué observar antes de comprar esta fruta?

Las mejores piezas presentan un color rojo uniforme, textura firme, aroma agradable y hojas verdes que todavía lucen frescas. Es recomendable evitar los recipientes con frutas golpeadas, demasiado blandas, húmedas o con señales visibles de moho.

Al llegar a casa, conviene revisarlas cuidadosamente y retirar cualquier pieza deteriorada. Deben guardarse sin lavar, distribuidas en una sola capa o sin ejercer demasiada presión, dentro de un recipiente limpio con papel absorbente en el fondo.

La tapa puede permanecer ligeramente abierta para facilitar la circulación del aire. También es importante mantener la fruta refrigerada y revisar su estado diariamente, ya que una pieza dañada puede acelerar el deterioro de las demás.

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El lavado debe realizarse antes de comerla

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos recomienda lavar las frutas bajo agua corriente antes de prepararlas o consumirlas. No se aconseja utilizar jabón, detergente ni productos comerciales de lavado, porque pueden dejar residuos.

La fruta debe enjuagarse suavemente con las hojas colocadas y secarse con una toalla limpia. Retirar la parte verde después del lavado ayuda a evitar que el agua penetre en la pulpa y afecte su sabor o textura.

Si no se consumirá pronto, puede congelarse. Primero debe lavarse, retirarle las hojas y secarse completamente. Después, las piezas pueden colocarse separadas sobre una bandeja y, una vez congeladas, guardarse juntas. Aunque su textura cambia al descongelarse, continúan siendo útiles para licuados, compotas, salsas y postres.

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