Un brócoli verde y firme puede terminar amarillo antes de llegar al plato. En los hogares de Uruguay, almacenarlo correctamente ayuda a conservar su textura, sabor y valor nutricional. También evita desechar una verdura que todavía podía aprovecharse en sopas, ensaladas o preparaciones calientes.
Al comprarlo, conviene elegir tallos firmes y flores cerradas, sin partes viscosas ni olor desagradable. Una vez en casa, no debe quedar apretado dentro de un plástico completamente cerrado. El brócoli sigue respirando después de la cosecha y necesita cierta circulación de aire.
¿Cómo conservar el brócoli en la heladera?
La opción más sencilla consiste en colocarlo seco dentro de una bolsa perforada y llevarlo al cajón para verduras. También puede envolverse con una toalla de papel ligeramente húmeda, nunca empapada. Además, resulta aconsejable lavarlo justo antes de cocinarlo, porque la humedad acumulada favorece el deterioro.
Otra alternativa es el método del florero. Se recorta la base del tallo, se coloca en un vaso con poca agua y se cubre holgadamente con una bolsa perforada. Asimismo, debe permanecer lejos de manzanas, bananas, peras y aguacates, ya que liberan etileno y aceleran el amarillamiento.
No te pierdas: Alimentación infantil con menos carbohidratos
¿Cuándo refrigerar y cuándo congelar?
Si no se consumirá pronto, congelarlo permite aprovecharlo después. Primero se separan los ramilletes, se escaldan durante unos minutos y se pasan inmediatamente a agua con hielo. Luego deben secarse bien antes de guardarlos.
El color amarillo suele indicar pérdida de frescura, pero el olor fuerte, el moho o una textura viscosa señalan deterioro. En esos casos, conviene desecharlo. Un refrigerador seguro debe mantenerse a cuatro grados Celsius o menos, y el brócoli bien almacenado conserva normalmente su mejor calidad entre cinco y siete días.