Cuidar las bacterias beneficiosas del intestino también empieza en el mercado. Verduras habituales como espárragos, alcachofas, cebollas, ajos y puerros aportan fibras prebióticas que pueden favorecer un microbioma intestinal diverso.
Los prebióticos no son microorganismos. Son componentes que determinadas bacterias intestinales utilizan como alimento. Al fermentarlos, producen sustancias como los ácidos grasos de cadena corta, relacionados con diferentes funciones del intestino.
Verduras con prebióticos para sumar a las comidas
Los espárragos destacan por su contenido de inulina, una fibra con efecto prebiótico. Además, aportan vitamina C, vitamina K y compuestos vegetales como quercetina, rutina y kaempferol.
Las alcachofas constituyen otra fuente de inulina. También pueden incorporarse brócoli, coliflor, repollo y coles de Bruselas. Estas crucíferas contienen glucosinolatos, compuestos naturales presentes en diferentes vegetales.
Asimismo, cebollas, ajos y puerros aportan fibras prebióticas y antioxidantes. La clave no consiste en elegir una única verdura, sino en combinar diferentes alimentos vegetales regularmente.
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La variedad también alimenta la microbiota
Una alimentación favorable para el intestino puede incluir verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, semillas y frutos secos. De igual manera, algunos alimentos fermentados pueden complementar esa diversidad.
Conviene aumentar el consumo de fibra gradualmente. Algunas personas pueden experimentar gases o distensión cuando incorporan grandes cantidades rápidamente. Además, determinadas condiciones digestivas requieren recomendaciones personalizadas de un profesional sanitario.
Los expertos consultados por Women’s Health y recogidos por Infobae también mencionaron hongos shiitake por su contenido de betaglucanos. Su principal recomendación fue priorizar una mayor variedad de plantas, ya que esta diversidad se asocia con una microbiota intestinal más diversa.