Comparación visual entre frutas frescas y alimentos con azúcar añadida
La fruta no es enemiga, su azúcar tampoco

La fruta no es enemiga, su azúcar tampoco

En México y otros países de América Latina, donde la diabetes tipo 2 afecta a millones de personas, muchas veces se señala al azúcar como principal villano. Esto ha generado dudas sobre si el azúcar natural de las frutas, como la fructosa, podría ser igual de perjudicial que la que contienen los refrescos o los postres ultraprocesados. Pero la ciencia tiene una respuesta clara: no son lo mismo.

La diferencia clave está en el “paquete” que acompaña al azúcar. Cuando consumes una fruta entera, no solo ingieres fructosa. También estás obteniendo fibra, agua, vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes. Todo esto retrasa la absorción del azúcar y ayuda a que el cuerpo la procese de forma gradual, evitando picos bruscos de glucosa en la sangre.

Fructosa natural vs. azúcar añadida: no se comportan igual

Estudios recientes, como los publicados en agosto de 2025 por la Universidad de Tufts, han confirmado que el azúcar que viene en alimentos enteros no tiene los mismos efectos negativos que el azúcar libre o añadido. Por ejemplo, comer una manzana entera no se compara con tomar jugo de manzana industrializado o una bebida azucarada, que concentran fructosa sin la fibra protectora.

Además, un trabajo del Instituto de Investigación Médica Garvan en Australia mostró que la fructosa industrial se metaboliza más rápido en el hígado, favoreciendo la acumulación de grasa. En cambio, la fructosa de la fruta no genera ese mismo impacto metabólico. Esto significa que las frutas frescas no solo son seguras, sino necesarias en una dieta equilibrada.

El consenso actual de organizaciones como la OMS y la Asociación Americana de Diabetes recomienda consumir entre tres y cinco porciones de fruta al día, siempre que sea en su forma entera. Preferir frutas con cáscara comestible, como manzana o pera, puede sumar fibra extra y mejorar la digestión.

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