Incluir pescado regularmente puede aportar proteínas, vitaminas, minerales y grasas saludables dentro de una alimentación equilibrada. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que el tipo elegido también puede ser importante cuando se estudia su relación con la salud a largo plazo.
El estudio analizó los hábitos alimentarios de 90 mil 944 adultos japoneses. Los investigadores evaluaron el consumo de 19 tipos de pescado y mariscos, además de observar su posible relación con la mortalidad general y las enfermedades cerebrovasculares durante el seguimiento.
Pescados con omega-3 destacaron en el estudio
Entre las mujeres, consumir mayores cantidades de pescado rico en omega-3 se relacionó con un menor riesgo de muerte por cualquier causa y por enfermedades cerebrovasculares. En esta categoría se encontraban alimentos como salmón, trucha, sardinas, jurel y anguila.
Los resultados fueron diferentes entre los hombres. En este grupo, un mayor consumo de pescado y mariscos sin sal se relacionó con menor mortalidad por enfermedades cerebrovasculares.
Estas diferencias todavía no tienen una explicación definitiva. Los investigadores consideran que algunos hábitos de vida, como el consumo de alcohol y el tabaquismo, podrían influir en los resultados.
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Consumir diferentes pescados puede ser una buena estrategia
Los pescados grasos destacan principalmente por aportar EPA y DHA, dos tipos de ácidos grasos omega-3. La American Heart Association recomienda consumir dos porciones de pescado por semana, especialmente variedades ricas en estas grasas.
Salmón, sardinas, caballa, arenque y algunos tipos de atún pueden contribuir a cubrir este objetivo. Las versiones enlatadas también son prácticas, aunque conviene revisar el contenido de sodio indicado en la etiqueta.
La preparación también importa. Cocinar pescado al horno, al vapor o a la parrilla permite incorporarlo sin depender de grandes cantidades de grasas añadidas. Combinarlo con verduras, legumbres o cereales integrales ayuda a completar la comida.