Evaluación médica y nutricional ante señales de marasmo infantil, pérdida de peso y alteraciones del crecimiento.
Marasmo infantil: requiere atención inmediata

Marasmo infantil: requiere atención inmediata

Una pérdida visible de músculo en la infancia nunca debe atribuirse simplemente a que el niño come poco. Una publicación médica de Puerto Rico expone un caso de marasmo infantil, una forma grave de desnutrición causada por una carencia prolongada de energía y nutrientes.

El paciente presentaba adelgazamiento progresivo, poco apetito, debilidad, diarreas frecuentes y retraso del crecimiento. Su alimentación complementaria era irregular y tenía poca variedad. Además, las dificultades económicas familiares limitaban el acceso a alimentos nutritivos.

¿Cómo reconocer el marasmo infantil’

Esta condición reduce de manera marcada la grasa corporal y la masa muscular. También puede causar piel seca, huesos prominentes, menor actividad y mayor vulnerabilidad ante infecciones. A diferencia del kwashiorkor, el marasmo suele aparecer sin hinchazón generalizada.

El diagnóstico no depende solamente del aspecto físico. Pediatría debe revisar el peso, la longitud o estatura, el perímetro del brazo, la evolución del crecimiento y las posibles enfermedades asociadas. Asimismo, puede requerir análisis para detectar alteraciones metabólicas, anemia o infecciones.

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La recuperación necesita vigilancia médica

El tratamiento debe avanzar de forma cuidadosa y progresiva. Ofrecer grandes cantidades de comida sin supervisión puede causar alteraciones peligrosas conocidas como síndrome de realimentación. Por ello, el equipo médico vigila glucosa, electrolitos, hidratación, temperatura y tolerancia alimentaria.

También deben tratarse la diarrea, las infecciones y cualquier problema que impida absorber nutrientes. Después de la estabilización comienza la recuperación nutricional, acompañada por pediatría, nutrición y apoyo familiar. La atención urgente resulta necesaria ante somnolencia, rechazo persistente de alimentos, deshidratación o pérdida notable de peso; El caso descrito corresponde a un niño de 14 meses cuyos cambios comenzaron aproximadamente cuatro meses antes de la consulta. Tras la hospitalización y el manejo gradual, mejoraron su actividad, apetito y peso.

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