La calabaza convierte una comida sencilla en un plato colorido, suave y fácil de combinar. En España, esta hortaliza aparece con frecuencia en cremas, purés, guisos y preparaciones al horno. Su mayor ventaja está en sumar variedad vegetal sin aportar mucha grasa.
Su composición incluye agua, fibra, vitamina C y distintos carotenoides, responsables de sus tonos anaranjados. Algunos de estos compuestos pueden transformarse en vitamina A dentro del organismo. Sin embargo, ningún alimento aislado protege por completo la vista, la piel o las defensas.
Beneficios de la calabaza en la alimentación
La vitamina C participa en la formación de colágeno y ayuda al funcionamiento normal del sistema inmunitario. Además, los carotenoides como el betacaroteno contribuyen al aporte de vitamina A, necesaria para mantener la visión y las mucosas en condiciones normales.
La calabaza también permite preparar platos con menor densidad energética. Aun así, añadir grandes cantidades de crema, mantequilla, queso o azúcar cambia considerablemente el resultado. El beneficio depende tanto de la hortaliza como del resto de los ingredientes.
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Cómo cocinarla y conservar sus nutrientes
El vapor, el horno o una cocción breve con poca agua ayudan a limitar la pérdida de vitamina C. Asimismo, aprovechar el líquido de cocción en una crema evita desechar parte de los nutrientes que pasan al agua.
También puede combinarse con legumbres, huevo, pescado o pollo para completar el plato. Las semillas tostadas sin exceso de sal aportan textura, aunque concentran más energía que la pulpa. Por otro lado, las personas con necesidades médicas específicas deben adaptar las porciones con orientación profesional; Una ración de calabaza puede cubrir alrededor del 31 porcentaje de la ingesta diaria recomendada de vitamina C. La cantidad final varía según la variedad, la porción y el método utilizado para cocinarla.