En Colombia, el pollo amarillo y el pollo blanco suelen competir por la preferencia de quienes buscan frescura o mejor calidad. Sin embargo, el color de la piel no determina cuál opción resulta más nutritiva o saludable.
La tonalidad depende principalmente de la alimentación del ave, su raza, edad y condiciones de crianza. Ingredientes con pigmentos naturales, como maíz o caléndula, pueden producir una piel más amarilla sin cambiar considerablemente su valor nutricional.
Pollo amarillo o blanco tienen aportes similares
Ambas opciones proporcionan proteínas, vitaminas del grupo B y minerales. Las diferencias más importantes aparecen entre cortes, presencia de piel y métodos de preparación. Por ejemplo, la pechuga sin piel suele contener menos grasa que otras piezas. Además, hornear, hervir o cocinar a la plancha requiere menos grasa añadida que freír o empanizar.
El tono amarillo tampoco garantiza mejor sabor, mayor frescura o crianza tradicional. Conviene revisar la fecha, el estado del empaque, el olor y la información del productor antes de comprar. El producto debe sentirse frío y permanecer refrigerado durante el traslado.
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La seguridad importa más que el color
El pollo crudo debe mantenerse separado de frutas, verduras y alimentos listos para comer. Asimismo, no conviene lavarlo, porque las salpicaduras pueden extender microorganismos hacia el fregadero, las manos y otras superficies. También resulta importante utilizar tablas diferentes o lavar cuidadosamente los utensilios después del contacto con carne cruda.
El producto debe descongelarse dentro del refrigerador, en agua fría controlada o mediante microondas, nunca sobre la cocina. El color interior tampoco confirma por sí solo una cocción segura, pues algunas piezas conservan tonos rosados. Un termómetro ofrece una comprobación confiable y todas las partes deben alcanzar 74 grados Celsius antes de servirse.