En Argentina, los mariscos ocupan un espacio pequeño en la mesa, pese a la extensa costa del país. Langostinos, mejillones, almejas y calamares pueden aportar nutrientes valiosos cuando se preparan de manera segura.
Una investigación internacional volvió a poner atención sobre estos alimentos. El estudio analizó invertebrados acuáticos y encontró aportes relevantes de vitamina B12, selenio, yodo, zinc, cobre y ácidos grasos omega 3.
Los mariscos aportan más que proteínas
El valor nutricional cambia entre especies, zonas de captura y métodos de preparación. En general, los mariscos aportan proteínas y distintos micronutrientes, mientras varias opciones contienen poca grasa total. Sin embargo, empanizarlos o freírlos modifica el perfil final del plato.
Además, los moluscos y crustáceos pueden contribuir a cubrir nutrientes que faltan en algunas dietas. Esto no significa que funcionen como suplementos ni que deban desplazar otros alimentos. La variedad sigue siendo esencial para mantener una alimentación equilibrada.
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Compra y preparación requieren cuidado
Conviene comprar mariscos en establecimientos habilitados, revisar su olor y mantenerlos refrigerados. Los productos frescos deben conservar una apariencia firme y agradable. Asimismo, necesitan permanecer separados de alimentos cocidos para reducir el riesgo de contaminación cruzada.
La cocción completa resulta especialmente importante. Los moluscos con concha deben desecharse cuando llegan abiertos y no se cierran al tocarlos. También deben descartarse si permanecen cerrados después de cocinarlos. Las personas con alergia a los mariscos necesitan evitarlos completamente.
Por otro lado, una alimentación saludable puede incluir mariscos junto con verduras, leguminosas, granos integrales y otras proteínas. La frecuencia y la porción dependen de la disponibilidad, el presupuesto, las preferencias y las necesidades personales.