Agua de avena y microbiota con betaglucano y fibra soluble para la alimentación intestinal
Agua de avena para cuidar la microbiota intestinal

Agua de avena para cuidar la microbiota intestinal

Una bebida tan cotidiana como el agua de avena puede sumar fibra soluble a la alimentación. Su interés está relacionado especialmente con el betaglucano, un componente de la avena estudiado por su posible influencia sobre el intestino y la microbiota.

El agua de avena conserva parte de los compuestos solubles del cereal. Sin embargo, su contenido de fibra depende de cuánta avena se utilice y del método de preparación. Colarla demasiado puede reducir parte de ese aporte.

Agua de avena y microbiota intestinal

El betaglucano es una fibra soluble fermentable que las bacterias intestinales pueden utilizar. Durante este proceso se producen ácidos grasos de cadena corta, compuestos relacionados con diferentes funciones del entorno intestinal.

Las investigaciones sobre avena han encontrado cambios en algunos grupos de bacterias y metabolitos intestinales. Aun así, los resultados no permiten afirmar que beber agua de avena transforme por sí sola la microbiota.

Además, la variedad alimentaria sigue siendo fundamental. Frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, semillas y otros alimentos vegetales proporcionan diferentes fibras que ayudan a mantener una alimentación favorable para el intestino.

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¿Existe una mejor hora para tomarla?

No existe evidencia sólida que establezca una hora universalmente superior. Puede consumirse durante el desayuno o en otro momento del día según las preferencias y la tolerancia digestiva de cada persona.

Asimismo, quienes experimentan gases o distensión al aumentar la fibra pueden comenzar con cantidades pequeñas. Conviene evitar añadir grandes cantidades de azúcar, miel o jarabes, especialmente cuando su consumo es habitual.

Una revisión sistemática que reunió 84 investigaciones encontró que el consumo de avena se relacionó con aumentos de bacterias como Lactobacillus y Bifidobacterium en determinados grupos. Los autores también señalaron limitaciones en la evidencia disponible, por lo que todavía se necesitan estudios clínicos más sólidos.

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