El durazno es mucho más que una fruta de estación: es símbolo del verano, protagonista de postres y compota favorita en muchas casas. Pero más allá de su sabor dulce y refrescante, el durazno ofrece una combinación de nutrientes que puede aportar a tu bienestar general… si sabes cuándo y cómo consumirlo.
Este fruto de pulpa jugosa contiene antioxidantes naturales como la vitamina C, potasio y betacarotenos, aliados clave para cuidar la piel, fortalecer el sistema inmunológico y contribuir al buen funcionamiento del corazón. Además, su aporte de fibra ayuda a mejorar la digestión y promueve la saciedad, lo que puede ser útil en planes de alimentación equilibrada.
Incluir durazno en tu dieta puede ayudarte a mantener la piel saludable gracias a su contenido de vitamina A y C. También aporta flavonoides, compuestos vegetales con potencial antiinflamatorio que podrían ayudar a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Beneficios del durazno para la salud
En Argentina, donde la temporada alta de duraznos va de diciembre a febrero, aprovechar los frescos es ideal. Su bajo contenido calórico y su sabor naturalmente dulce lo convierten en un buen snack entre comidas o en un ingrediente para smoothies y ensaladas.
Aunque el durazno es seguro para la mayoría, hay algunas excepciones. Las personas con síndrome de intestino irritable (SII) pueden experimentar malestar digestivo por su contenido en FODMAPs, un tipo de carbohidrato de fermentación rápida. Además, quienes presentan alergia al durazno o alérgenos relacionados, como el polen de abedul, deben evitarlo.
Por otro lado, el durazno enlatado o en almíbar, común en muchas mesas argentinas, suele contener azúcares añadidos, por lo que es preferible optar por la versión fresca o en conserva sin azúcar agregada.
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