Un estudio de la Profeco sometió a 44 marcas de jamón a más de 570 pruebas en laboratorios especializados. Los resultados revelaron que etiquetas poco buscadas por los consumidores ofrecen mejor perfil nutricional que las más conocidas. Peñaranda, San Rafael y Zwan destacan por mayor contenido proteico y menor proporción de grasa en comparación con opciones de mayor venta.
El análisis identificó que el jamón horneado sin sal añadida de Peñaranda alcanza 20 % de proteínas libres de grasa, con reducción de sodio en su formulación. El jamón de pierna San Rafael mostró 18 % de proteínas, mientras que el jamón de pavo Virginia de Zwan registró 14.2 %. Estas cifras superan a muchas alternativas populares que exhiben porcentajes más bajos de proteína y cantidades más altas de féculas o aditivos.
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Normas que garantizan transparencia
La Norma Oficial Mexicana NOM-158-SCFI-2003 regula la fabricación y el etiquetado de jamones en el país. Establece categorías como extrafino, fino, preferente, comercial y económico de acuerdo con el nivel de proteína libre de grasa y la cantidad de fécula utilizada. Gracias a esta regulación, el consumidor cuenta con herramientas objetivas para diferenciar un producto genuino de uno con mezclas que reducen su valor alimenticio.
Revisión del empaque como hábito básico
Leer con cuidado el etiquetado nutrimental resulta indispensable. Verificar el porcentaje de proteína, los gramos de sodio y la categoría a la que pertenece cada producto facilita la decisión de compra. En refrigeradores de supermercados y tiendas de conveniencia, la diferencia puede ser significativa: un jamón extrafino debe contener al menos 18 % de proteína libre de grasa, mientras que uno económico puede descender a solo 8 %.