El vínculo emocional con la comida rápida ha convertido a los snacks en un ritual cotidiano. La prisa, el comercio digital y las redes sociales alimentan esta tendencia creciente.
El consumo en el país alcanza 10.9 kilos por persona cada año, más del doble del promedio mundial de 5.2 kilos. El mercado local ya supera los 8,000 millones de dólares y mantiene un ritmo de crecimiento acelerado.
Hábitos que definen un estilo de vida
Las rutinas intensas impulsan la preferencia por productos listos para comer. Del mismo modo, las plataformas de comercio electrónico expanden la oferta y los canales de distribución.
Además, las redes sociales refuerzan la decisión de compra, ya que gran parte de la población sigue a creadores que promueven experiencias de consumo vinculadas con placer e indulgencia.
¿Interesado en el tema? Mira también: Cáscara de camote aporta fibra y antioxidantes clave para la dieta
Nostalgia y oportunidades de mercado
El 73 % de los mexicanos asocia los snacks con recuerdos de la infancia y el 82 % con momentos familiares, según el estudio “State of Snacking”. Esa conexión emocional explica la fuerza del sector, que avanza no solo por conveniencia, sino por el poder de la memoria colectiva.
Por otro lado, el panorama abre un espacio para la innovación. El desarrollo de opciones más nutritivas y accesibles responde a la preocupación por enfermedades crónicas, sin frenar la demanda general.
En consecuencia, la industria tiene la posibilidad de marcar la diferencia: hacia 2030 se espera un crecimiento promedio anual de 7.2 por ciento, consolidando a México como un referente global en este segmento.