Pasar muchas horas sentados no solo afecta la espalda. El sedentarismo ya se considera un riesgo de salud pública, pues está relacionado con enfermedades como la diabetes tipo 2, obesidad y problemas cardiovasculares. Por eso, desde agosto de 2025, varias comunidades autónomas han reforzado estrategias para promover la actividad física como parte del día a día.
Entre las medidas más efectivas están la creación de entornos urbanos más caminables, programas comunitarios de ejercicio gratuito y campañas de concienciación desde las escuelas. No se trata de convertirnos en atletas, sino de incluir movimiento en rutinas cotidianas: caminar al trabajo, subir escaleras, jugar con niños o bailar al limpiar la casa.
La actividad física también es prevención
Mover el cuerpo regularmente reduce el riesgo de enfermedades crónicas, mejora el estado de ánimo y fortalece el sistema inmune. Además, cuando se combina con una alimentación equilibrada, los beneficios se multiplican. Por ejemplo, el Plan Estratégico Nacional para la Reducción del Sedentarismo, presentado en septiembre de 2025, recomienda al menos 30 minutos diarios de actividad física moderada. Y ojo: no tiene que ser en el gimnasio. Bailar, pasear en bici o incluso caminar mientras hablas por teléfono cuentan.
Por otro lado, varias ciudades como Valencia y Bilbao han comenzado a medir el impacto de estas políticas con indicadores de salud poblacional y calidad del aire, buscando un enfoque integral del bienestar ciudadano.
En noviembre de 2025, un informe del Ministerio de Sanidad reveló que cada euro invertido en fomentar la actividad física ahorra hasta tres en gastos médicos relacionados con enfermedades crónicas. Este dato refuerza que promover el movimiento no es solo una decisión personal: es una prioridad colectiva.
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