La caballa merece más espacio en la mesa por razones que van más allá de su precio. En México, este pescado azul puede ofrecer proteína, grasas omega 3, vitamina B12, vitamina D y selenio dentro de una alimentación variada; Compararla directamente con el salmón exige cautela. El contenido de grasa y omega 3 cambia según la especie, el origen y la preparación. Por eso, la caballa no supera siempre al salmón, aunque puede ser una alternativa nutritiva y accesible.
Beneficios de la caballa en la alimentación
Su proteína ayuda a mantener tejidos y masa muscular. Además, los ácidos grasos EPA y DHA participan en funciones cardiovasculares y cerebrales. La vitamina B12 contribuye a formar glóbulos rojos, mientras la vitamina D interviene en la salud ósea.
Estos nutrientes no convierten a la caballa en un alimento milagroso. Los beneficios aparecen dentro de un patrón que incluya verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y otras fuentes de proteína.
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¿Cómo elegirla y consumirla con seguridad?
La caballa fresca puede cocinarse al horno, a la plancha o en guisos. La presentación enlatada resulta práctica, aunque conviene comparar el sodio y preferir versiones con menos sal. Asimismo, escurrir el líquido puede reducir parte del sodio superficial.
También importa identificar la especie. La caballa atlántica y la del Pacífico figuran entre las opciones con menos mercurio. En cambio, la macarela rey puede acumular niveles elevados y debe evitarse durante el embarazo, la lactancia y la infancia.
Las guías estadounidenses recomiendan que embarazadas y mujeres en lactancia elijan entre dos y tres porciones semanales de pescados bajos en mercurio. Variar las especies permite aprovechar distintos nutrientes y limitar la exposición a contaminantes.