El romanesco está llamando la atención en Chile porque parece más una pieza decorativa que una verdura de temporada. Su forma en espiral, despierta curiosidad y también invita a comer más vegetales sin caer en la rutina.
Esta hortaliza pertenece a la familia de las brásicas, donde también están el brócoli, la coliflor y el repollo. Aunque muchas personas la confunden con un cruce entre brócoli y coliflor, se reconoce como una variedad de coliflor de origen italiano.
Romanesco y sus beneficios en la mesa chilena
El romanesco aporta fibra, vitaminas A, B y C, además de minerales como calcio, hierro, fósforo y potasio. También contiene ácido fólico, importante para formar nuevas células. Estos aportes no lo convierten en un alimento milagroso, pero sí en una buena suma dentro de una dieta variada.
Además, su sabor suave y ligeramente dulce facilita que más personas lo prueben. Puede servirse al vapor, asado, en cremas, ensaladas tibias o como acompañamiento de legumbres, pescado, huevo o pollo.
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¿Cómo cocinar romanesco sin complicarse?
La cocción corta ayuda a conservar mejor su textura y color. También evita ese olor fuerte que a veces aparece con otras verduras de la misma familia. Lo ideal es dejarlo firme y combinarlo con aceite de oliva, limón, ajo suave o hierbas frescas.
Por otro lado, quienes suelen presentar gases o inflamación con brócoli o coliflor pueden empezar con porciones pequeñas. De igual manera, las personas con tratamientos médicos especiales deben consultar a su profesional de salud si tienen dudas sobre cambios importantes en su alimentación; INIA Carillanca ha evaluado su potencial productivo en La Araucanía, una señal de que esta hortaliza puede diversificar la oferta agrícola chilena y acercar nuevas opciones nutritivas al plato diario.