Entre montañas y pequeños talleres familiares, el queso suizo mantiene una industria capaz de competir internacionalmente sin apostar por la producción masiva. Suiza conserva su prestigio mediante calidad, trazabilidad, tradición artesanal y una fuerte relación entre las queserías y el territorio.
El país produce alrededor de 215 mil toneladas anuales y cuenta con más de 700 variedades. Entre las más conocidas aparecen Le Gruyère, Emmentaler, Appenzeller y Sbrinz. Además, 25 variedades cuentan con denominación AOP.
Queso suizo con identidad propia
La leche representa una pieza fundamental del modelo. Las vacas se alimentan principalmente de hierba durante el verano y heno en invierno. Asimismo, numerosas queserías mantienen métodos tradicionales que buscan conservar características vinculadas con cada región.
La industria reúne unas 20 mil explotaciones lecheras y alrededor de 600 queserías. Cerca de 500 son artesanales o familiares. Esta estructura permite mantener producciones relativamente pequeñas y diferenciar sus productos frente a opciones industriales más económicas.
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El queso suizo también mira al exterior
La estrategia funciona fuera del país. Cerca del 40 porcentaje de la producción se exporta y Europa concentra la mayor parte de esas ventas. Alemania, Francia, Italia y España destacan entre sus mercados relevantes.
Desde una perspectiva nutricional, el queso puede aportar proteínas y calcio. Sin embargo, también puede contener cantidades importantes de sodio y grasas saturadas. Por ello, resulta conveniente cuidar las porciones y combinarlo con verduras, frutas, legumbres y otros alimentos variados.
El consumo interno confirma su importancia cultural. Durante 2025, cada habitante de Suiza consumió en promedio 23.71 kilos de queso, frente a 23.13 kilos durante 2024.