Latas abiertas con verduras, frutas, legumbres, pescado y carne, ejemplo de alimentos envasados y procesados que pueden contener químicos invisibles que afectan la salud.
Alerta por químicos en envases plásticos y procesados que llegan a la mesa

Alerta por químicos en envases plásticos y procesados que llegan a la mesa

Un estudio del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua en España reveló que el 85 % de los alimentos envasados contiene al menos un aditivo plastificante, con ingestas diarias que en niños pequeños alcanzan hasta 2 262 ng/kg.

Esta cifra coloca a la infancia en un rango vulnerable, ya que los niveles se acercan a los límites de seguridad establecidos por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

Contaminación invisible en plásticos

Los recipientes de plástico, incluidos los que se utilizan para conservar o recalentar comida, liberan sustancias como bisfenoles y ftalatos. Cuando los alimentos se calientan en microondas o se emplean táperes dañados, la migración de compuestos hacia la comida se intensifica, incrementando los riesgos para la salud.

Conservas bajo sospecha

El problema también afecta a los envases metálicos. Un revestimiento interno en mal estado puede liberar bisfenol A, un disruptor endocrino con efectos documentados en el sistema hormonal.

Alimentos de consumo habitual, como los tomates enlatados, pueden presentar este tipo de contaminación. A ello se suma que latas golpeadas o abultadas elevan el riesgo de botulismo, una infección poco frecuente pero potencialmente mortal.

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Etiquetas que confunden

En la carne envasada aparecen términos como “jugosa” o “extratierna” que en realidad encubren inyección de agua y aditivos para modificar la textura. La Organización de Consumidores y Usuarios exige etiquetas transparentes y una separación clara en supermercados para que los consumidores identifiquen diferencias de precio y calidad respecto a la carne fresca.

Impacto en la dieta

Los ultraprocesados, además de la exposición química de los envases, incluyen grandes cantidades de sodio, azúcares añadidos y grasas trans. Este perfil nutricional incrementa la incidencia de enfermedades crónicas. La Organización Mundial de la Salud estima que reducir el consumo de sal en 30 % evitaría 2.5 millones de muertes anuales a escala global.

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