El 94 % de los hogares en Estados Unidos mantiene mantequilla de maní en su alacena. Este nivel de consumo refleja su popularidad como alimento práctico y energético. Una porción de dos cucharadas concentra alrededor de 7 gramos de proteína y 16 de grasa saludable, combinación que respalda el crecimiento muscular y genera saciedad por varias horas.
El equilibrio entre proteínas y grasas permite mantener estables los niveles de glucosa, lo que se traduce en menor riesgo de picos de hambre. Además, al prolongar la sensación de plenitud, puede convertirse en aliado para quienes buscan manejar el peso sin restringir en exceso.
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Salud cardiovascular y nutrientes clave
El aporte de grasas monoinsaturadas favorece el aumento del colesterol HDL, considerado protector, y reduce el LDL, asociado con riesgo cardiovascular. A ello se suman minerales como magnesio y potasio que ayudan a regular la presión arterial y contribuyen al buen funcionamiento del sistema nervioso. La vitamina E presente en el maní refuerza las defensas y actúa como antioxidante.
Calidad del producto y riesgos de exceso
No toda mantequilla de maní ofrece el mismo perfil nutricional. Aquellas con aceites hidrogenados, azúcares añadidos o exceso de sodio reducen sus beneficios. Elegir opciones elaboradas solo con maní y una pizca de sal asegura un mayor valor nutritivo. Cabe recordar que dos cucharadas aportan cerca de 190 calorías, lo que exige moderación en dietas de control energético.
Un alimento versátil con impacto metabólico
Más allá de su aporte inmediato, el consumo frecuente se relaciona con menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 gracias a su efecto sobre la sensibilidad a la insulina. Estudios en población adulta muestran que quienes incluyen frutos secos y mantequilla de maní en su dieta tienen hasta 21 % menos probabilidades de presentar enfermedades cardiovasculares graves.