El mercado de bebidas en Estados Unidos está atravesando cambios que obligan a sus principales compañías a revisar cómo producen, distribuyen y comercializan sus productos. PepsiCo y Coca-Cola, dos de los nombres más reconocidos de la industria, están respondiendo con estrategias diferentes a las nuevas condiciones del negocio.
Mientras PepsiCo cerrará las operaciones de manufactura y almacenamiento de una planta en Maryland, Coca-Cola y sus socios embotelladores preparan inversiones por 10,000 millones de dólares hasta 2030. Aunque ambas decisiones responden a necesidades empresariales particulares, también muestran la importancia que ha adquirido entender los hábitos de compra y la evolución de la demanda.
Para los consumidores, el dato más interesante está en las cifras de PepsiCo: su división de bebidas en Norteamérica consiguió aumentar sus ingresos a pesar de vender un menor volumen de unidades.
PepsiCo vende menos unidades, pero aumenta sus ingresos
Durante el segundo trimestre fiscal de 2026, PepsiCo Beverages North America reportó un crecimiento de 7% en sus ingresos netos. Sin embargo, el volumen de unidades comercializadas disminuyó 4% frente al mismo periodo del año anterior.
Esta diferencia permite observar un fenómeno importante en el mercado de alimentos y bebidas: el crecimiento de las ventas en dólares no siempre implica que las personas estén comprando más productos.
Los ingresos pueden variar por factores como precios, promociones y composición de las ventas, mientras que el volumen permite observar de manera más directa cuántas unidades se comercializan.
Por eso, analizar ambos indicadores resulta fundamental para comprender el desempeño de una empresa. Un aumento en la facturación puede coexistir con una disminución en la cantidad de productos vendidos.
En el caso de PepsiCo, las cifras muestran esa diferencia, aunque no permiten determinar por sí solas qué tipos de bebidas están ganando o perdiendo preferencia entre los consumidores.
Una planta con más de 60 años dejará de producir
PepsiCo anunció que terminará las actividades de fabricación y almacenamiento de su instalación en Cheverly, Maryland, después de más de seis décadas de operaciones.
De acuerdo con un aviso presentado ante el Departamento de Trabajo de Maryland, la medida entrará en vigor el 13 de noviembre de 2026 y afectará a 143 trabajadores, incluidos 98 empleados con representación sindical.
La empresa explicó que la decisión responde a cambios en la demanda, avances tecnológicos y la necesidad de modernizar su red operativa. Además, autoridades locales señalaron que el inmueble había presentado problemas de mantenimiento y suministro eléctrico que incrementaban sus costos.
Sin embargo, el sitio no dejará de funcionar completamente. PepsiCo conservará las actividades de ventas y entregas, aunque ya no realizará allí procesos de manufactura y almacenamiento.
El cierre forma parte de una reorganización más amplia de sus operaciones norteamericanas, que incluye ajustes en instalaciones, inventarios y sistemas de distribución.
Coca-Cola apuesta por ampliar su capacidad
En contraste, Coca-Cola anunció que su sistema de embotellado invertirá aproximadamente 10,000 millones de dólares en infraestructura estadounidense hasta 2030.
El programa contempla nuevas instalaciones y ampliaciones de plantas de producción, centros de distribución y oficinas en distintas regiones del país.
Entre los lugares relacionados con estos proyectos se encuentran California, Colorado, Indiana, Alabama, Michigan, Minnesota, Florida y Nueva York.
La compañía explicó que las inversiones buscan fortalecer su capacidad para responder a la demanda y mejorar la infraestructura que permite llevar sus bebidas al mercado.
Es importante precisar que el monto incluye recursos de los socios embotelladores de Coca-Cola y no corresponde exclusivamente a inversiones directas de la empresa matriz. Además, algunos proyectos ya habían sido anunciados antes de la presentación del programa general.
¿Qué dicen estos movimientos sobre los hábitos de consumo?
Las decisiones de ambas compañías reflejan la necesidad de adaptar sus operaciones a un mercado que cambia constantemente. Sin embargo, sería incorrecto interpretar el cierre de una planta como prueba de que los consumidores están abandonando las bebidas azucaradas o concluir que la inversión de Coca-Cola significa un aumento en su consumo.
La información disponible no establece esas relaciones.
Desde una perspectiva de nutrición, también es importante distinguir entre las decisiones comerciales de las empresas y los hábitos alimentarios de la población. Las cifras de ventas y producción permiten estudiar el comportamiento del mercado, pero no indican automáticamente cuánto azúcar consumen las personas ni cómo está cambiando la calidad de su alimentación.
Para comprender esas tendencias se necesitan datos específicos sobre las categorías de bebidas adquiridas, las cantidades consumidas y su composición nutricional.
Por ejemplo, una reducción en el volumen total de una división empresarial no permite identificar si el cambio proviene de refrescos tradicionales, bebidas sin azúcar, agua embotellada u otros productos.
PepsiCo busca mejorar su eficiencia y ajustar la capacidad de algunas instalaciones, mientras Coca-Cola y sus embotelladores preparan una expansión de largo plazo. Ninguna de estas estrategias representa por sí sola una conclusión definitiva sobre el futuro de la industria.