Un batido verde, un café con leche vegetal, una copa de vino por la noche. Todo parece parte de una rutina saludable, pero puede esconder más calorías de las que imaginamos. En España, donde los hábitos alimentarios evolucionan, especialmente en mujeres mayores de 45 años, las calorías líquidas se han convertido en un factor silencioso que podría sabotear incluso las mejores intenciones nutricionales.
Estas calorías provienen de bebidas que no siempre sacian, pero sí suman energía: jugos, refrescos light, bebidas alcohólicas, cafés con toppings o batidos «fitness». A partir de los 45 años, el metabolismo empieza a cambiar. El gasto energético basal disminuye, es decir, quemamos menos calorías en reposo. Además, se reducen los niveles hormonales, como el estrógeno, lo que afecta la distribución de grasa y la masa muscular. Este nuevo equilibrio exige ajustes reales en cómo y cuánto comemos y bebemos.
Calorías líquidas: el enemigo discreto
A diferencia de los alimentos sólidos, las bebidas azucaradas o con alcohol apenas aportan saciedad. Beber un zumo natural puede parecer saludable, pero equivale a comer tres o cuatro piezas de fruta sin fibra. Lo mismo ocurre con los cafés que incluyen crema, jarabes o nata vegetal, que fácilmente superan las 150 calorías por porción. Aunque no se trata de eliminarlos por completo, sí conviene reducir su frecuencia y cantidad.
Sonia Lucena, psiconutricionista, advierte que este tipo de calorías son más difíciles de identificar y controlar. Su recomendación: priorizar el agua, las infusiones sin azúcar y revisar etiquetas. Del mismo modo, mantener una buena hidratación puede ayudar a reducir el consumo impulsivo de bebidas calóricas.
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