Reducir el consumo de carne roja no significa eliminarla por completo, y eso puede ser una buena noticia para muchas personas en México, donde forma parte de la dieta tradicional. Lo clave está en encontrar el equilibrio: comerla con moderación, elegir cortes magros y combinarla con una alimentación variada.
Según recomendaciones actuales de expertos en nutrición, una cantidad segura de carne roja oscila entre 350 y 500 gramos por semana, lo que equivale a unas dos o tres porciones medianas. Esta cantidad permite disfrutar su sabor y beneficios como el hierro y las proteínas de alta calidad sin aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas o ciertos tipos de cáncer.
Además, priorizar cortes magros como el lomo o la falda y evitar las carnes procesadas como embutidos o salchichas ayuda a mantener la salud en el largo plazo. Prepararlas al horno, a la plancha o al vapor es otra forma de reducir el consumo de grasas saturadas.
Alternativas nutritivas para balancear el menú
Incluir más legumbres, pescado, huevo o tofu es una excelente manera de diversificar las fuentes de proteína. Por ejemplo, un plato de lentejas con arroz aporta proteína completa y fibra, mientras que el pescado ofrece ácidos grasos saludables que protegen el corazón.
De igual manera, sumar frutas, verduras y cereales integrales fortalece el sistema digestivo y reduce la inflamación. Lo importante es pensar en el conjunto de la dieta, no en un solo alimento.
Un dato que vale la pena considerar: un estudio publicado en 2025 en la revista Advances in Nutrition encontró que reducir el consumo de carne roja a menos de 500 gramos semanales se asocia con menor mortalidad general y mejor calidad de vida en adultos mayores.
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