El pan es parte del día a día: lo encontramos en desayunos, comidas y cenas. Pero en un momento en que la salud y la nutrición ocupan cada vez más espacio en nuestras conversaciones, muchas personas se preguntan cuánta cantidad es recomendable consumir al día sin poner en riesgo el equilibrio nutricional.
Las últimas recomendaciones de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) señalan que el pan puede formar parte de una alimentación saludable si se consume en cantidades moderadas y en su versión integral. Lo ideal es entre 100 y 150 gramos al día, lo que equivale aproximadamente a tres rebanadas medianas.
Eso sí, no todo el pan es igual. Los panes integrales, con masa madre y sin azúcares añadidos, aportan fibra, minerales y una mejor respuesta glucémica. En cambio, los panes industriales ultraprocesados suelen tener harinas refinadas, grasas añadidas y conservantes poco recomendables.
El pan no es el enemigo
Eliminar por completo el pan de la dieta no solo no es necesario, sino que puede ser contraproducente si se hace sin supervisión profesional. El pan, especialmente el integral, aporta energía, saciedad y nutrientes como el hierro y el magnesio. En dietas equilibradas, su consumo puede adaptarse según el nivel de actividad física y el resto de carbohidratos presentes en la jornada.
También es clave observar con qué se acompaña. Un bocadillo de pan integral con aguacate y tomate no tiene el mismo impacto nutricional que uno con embutidos procesados.
Un dato relevante: según el último informe de consumo alimentario publicado en agosto de 2025 por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el consumo de pan en España se ha reducido un 3,1% en un año, reflejando una mayor conciencia sobre la calidad y cantidad de los alimentos.