Cada año, más de 600 millones de personas en el mundo padecen enfermedades transmitidas por alimentos, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud. Una práctica cotidiana que eleva este riesgo es la descongelación incorrecta, especialmente cuando se deja la comida sobre la encimera durante horas.
Los alimentos que permanecen a temperatura ambiente entran en la llamada “zona de peligro”, entre 5 y 60 grados centígrados. En ese rango, bacterias como Salmonella y Escherichia coli se multiplican con rapidez, lo que incrementa la probabilidad de intoxicación.
Este problema se agudiza con carnes, pescados y mariscos, ya que su superficie se descongela antes que el interior, creando condiciones favorables para los microorganismos.
Formas seguras de descongelar
Los especialistas recomiendan tres métodos sencillos para reducir riesgos. El primero es trasladar los productos al refrigerador, donde la descongelación ocurre de manera lenta pero controlada. La segunda opción consiste en sumergirlos en agua fría, siempre cambiándola cada media hora. La tercera alternativa es utilizar el microondas en modo de descongelación inmediata y cocinar al instante. Estas prácticas mantienen los alimentos fuera de la zona crítica y limitan el crecimiento bacteriano.
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Consecuencias en la calidad nutricional
El impacto de una mala descongelación no se limita a la seguridad. Cuando los alimentos pasan demasiado tiempo expuestos, pierden parte de su valor nutricional. Las proteínas se degradan y algunas vitaminas se reducen, lo que afecta la calidad de la dieta diaria. Una descongelación adecuada, en cambio, conserva mejor los nutrientes y permite aprovechar al máximo cada comida.
Un dato que obliga a reflexionar
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura calcula que hasta un tercio de los brotes de intoxicación en el hogar se relaciona con prácticas inadecuadas de manipulación y descongelación, una cifra que convierte este hábito en un asunto de salud pública.