El momento de endulzar un café o preparar un postre suele generar una pregunta común entre muchas personas en México y España: ¿debería elegir azúcar moreno o azúcar blanco para mi dieta diaria? Más allá del color y sabor, esta elección también implica entender qué aporta cada uno a tu organismo y cómo encaja en una alimentación equilibrada.
La principal diferencia entre azúcar moreno y azúcar blanco empieza en su proceso de producción y la presencia de melaza. El azúcar blanco es un producto altamente refinado que elimina prácticamente toda la melaza natural presente en el jugo de caña o remolacha, lo que da cristales de sacarosa muy puros y un sabor neutro. En contraste, el azúcar moreno conserva parte de esa melaza o se le añade de nuevo, lo que le confiere su color dorado y un sabor más profundo a caramelo.
Azúcar moreno o azúcar blanco ¿qué los distingue?
Desde un punto de vista nutricional, ambos azúcares comparten una composición muy similar. Ambos están formados principalmente por sacarosa, aportan aproximadamente la misma cantidad de calorías por gramo y carecen de fibra, proteínas o grasas significativas. La melaza en el azúcar moreno contiene trazas de minerales como calcio, hierro o magnesio, pero en cantidades tan pequeñas que no representan una ventaja relevante para la salud cuando se consumen en porciones típicas.
Asimismo, el impacto sobre los niveles de glucosa en sangre es comparable entre ambos tipos de azúcar, dado que su índice glucémico es similar. Esto significa que ambos elevan el azúcar en sangre con rapidez si se consumen solos.
La decisión entre uno u otro suele recaer en preferencias de sabor y uso culinario. El azúcar moreno puede aportar matices más ricos en recetas horneadas o bebidas que buscan un perfil más intenso, mientras que el blanco funciona bien cuando se desea un dulzor limpio y sutil.
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