Hablar de nutrición infantil en Latinoamérica implica mirar más allá del plato. En varios países de la región, miles de niñas y niños crecen con dietas limitadas que afectan su desarrollo físico y cognitivo desde los primeros años. Frente a este reto, surgen iniciativas que combinan conocimiento culinario, ciencia de los alimentos y acción social con un objetivo claro mejorar la alimentación infantil de forma sostenible.
En este contexto destaca el trabajo de Carolina Sánchez, una chef latinoamericana que decidió llevar la cocina a un terreno social. Su labor se centra en diseñar recetas nutritivas, accesibles y culturalmente cercanas para comunidades vulnerables. Además, colabora con el Programa Mundial de Alimentos, integrando ingredientes locales y técnicas sencillas que facilitan su adopción en hogares y comedores comunitarios.
Nutrición infantil aplicada desde la cocina social
El enfoque de la nutrición infantil que impulsa este tipo de proyectos parte de un principio claro la comida debe ser nutritiva, pero también viable. Por ello se priorizan alimentos disponibles en cada región como legumbres, cereales locales y vegetales de temporada. También se trabaja en educación alimentaria, enseñando a familias y cuidadores a maximizar el valor nutricional con recursos limitados.
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Por otro lado, estas acciones se alinean con políticas públicas y programas humanitarios que buscan reducir la malnutrición crónica. La cocina se convierte así en una herramienta pedagógica y de intervención directa, capaz de generar cambios duraderos en hábitos alimentarios desde la infancia.
Datos recientes del sistema de Naciones Unidas indican que en América Latina más de 45 millones de niños enfrentan algún grado de inseguridad alimentaria, una cifra que refuerza la urgencia de iniciativas centradas en nutrición infantil y acceso equitativo a alimentos de calidad.