Tu intestino alberga millones de microorganismos que influyen en digestión, inmunidad y metabolismo. Mantener una microbiota intestinal equilibrada no es una moda, sino una estrategia clave para la salud integral. La especialista en nutrición Luisa Varela explica que pequeñas decisiones diarias pueden marcar una diferencia importante en su funcionamiento.
La microbiota participa en la descomposición de nutrientes, en la producción de ciertas vitaminas y en la regulación del sistema inmune. Cuando se altera, pueden aparecer molestias digestivas, inflamación o cambios en el tránsito intestinal. Por eso, la alimentación juega un papel central en su equilibrio.
Uno de los pilares es el consumo suficiente de fibra. Frutas, verduras, legumbres y cereales integrales actúan como prebióticos, es decir, como alimento para las bacterias beneficiosas. Además, aportan compuestos antioxidantes que favorecen un entorno intestinal más estable.
Claves prácticas para cuidar la microbiota intestinal
Los alimentos fermentados también pueden apoyar la microbiota intestinal. Yogur con cultivos vivos, kéfir o chucrut contienen microorganismos que contribuyen a mantener diversidad bacteriana. Asimismo, reducir el consumo de ultraprocesados y azúcares añadidos ayuda a evitar desequilibrios.
La hidratación adecuada facilita el tránsito intestinal y favorece la función digestiva. También conviene mantener horarios regulares de comida y priorizar grasas saludables como aceite de oliva y frutos secos, que apoyan la integridad de la mucosa intestinal.
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Otro aspecto relevante es el uso prudente de antibióticos. Estos medicamentos deben emplearse solo bajo indicación médica, ya que pueden afectar tanto bacterias dañinas como beneficiosas. Un patrón alimentario variado y constante es la base para sostener una microbiota intestinal saludable a largo plazo.