Durante años, hablar de alimentación saludable significó contar calorías. En México y otros países, esta idea marcó dietas, etiquetas y recomendaciones cotidianas. Sin embargo, la ciencia nutricional comenzó a cuestionar si ese número, por sí solo, realmente explica cómo responden el cuerpo y la salud a los alimentos.
La caloría mide energía, pero no calidad nutricional. Dos alimentos con el mismo valor calórico pueden tener efectos muy distintos en la saciedad, el metabolismo y el riesgo de enfermedades. Alimentos ultraprocesados y productos frescos pueden aportar la misma energía, pero no ofrecen los mismos nutrientes ni generan las mismas respuestas fisiológicas.
Estudios recientes retomados a inicios de 2026 señalan que centrar la atención únicamente en reducir calorías puede ocultar factores clave como la presencia de fibra, proteínas, grasas de calidad y micronutrientes. Además, variables como el sueño, el estrés y la actividad física influyen en cómo el organismo utiliza esa energía.
Calorías y calidad de la dieta
El debate actual no propone eliminar el concepto de calorías, sino colocarlo en contexto. La evidencia muestra que los patrones de alimentación importan más que el conteo aislado. Dietas basadas en alimentos poco procesados, con verduras, frutas, leguminosas y proteínas de calidad, se asocian con mejores indicadores de salud, incluso sin un control estricto del consumo calórico.
Este enfoque busca alejarse de la restricción constante y acercarse a hábitos sostenibles. También promueve decisiones más informadas, donde la calidad del alimento tiene mayor peso que el número impreso en una etiqueta. Lee también: Compras públicas locales refuerzan la seguridad alimentaria
Los análisis más recientes destacan que personas que priorizan la calidad nutricional suelen mantener un peso más estable y mejores marcadores metabólicos a largo plazo, aun sin contar calorías de forma diaria. Este cambio de paradigma redefine la manera en que se entiende la nutrición moderna.