El aceite de oliva ocupa un lugar habitual en las cocinas de España, pero elegirlo bien no basta. La cantidad, la temperatura y la conservación también influyen en su calidad. Una afirmación difundida por el cardiólogo Aurelio Rojas sostiene que muchas personas no aprovechan correctamente este alimento.
El virgen extra destaca porque conserva compuestos antioxidantes y aporta principalmente ácido oleico, una grasa monoinsaturada. Sin embargo, ningún alimento protege por sí solo frente a una enfermedad. Su beneficio depende del patrón completo de alimentación, la actividad física, el descanso y otros hábitos.
¿Cómo usar el aceite de oliva correctamente?
Puede añadirse en crudo a ensaladas, verduras, legumbres o pan integral. También sirve para saltear, hornear y cocinar. El calor no lo convierte automáticamente en perjudicial. Aun así, conviene evitar que humee, porque ese punto indica que el aceite comienza a degradarse.
Además, reutilizarlo varias veces o mantenerlo durante mucho tiempo a temperatura elevada deteriora su calidad. Debe guardarse bien cerrado, lejos de la luz y del calor. Si presenta olor rancio, sabor extraño o humo temprano, lo responsable es desecharlo.
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Aceite de oliva dentro de una alimentación equilibrada
El aceite de oliva aporta grasas saludables, pero concentra mucha energía. Por ello, verterlo directamente desde la botella puede aumentar la porción sin notarlo. Medirlo con una cuchara facilita el control y permite integrarlo con verduras, cereales integrales, legumbres, pescado y otros alimentos nutritivos.
Asimismo, sustituir mantequilla, manteca u otras grasas ricas en saturadas puede mejorar la calidad general de la dieta. La Fundación Española del Corazón propone, como orientación general, una cucharada sopera por comida. Esa medida equivale aproximadamente a 15 mililitros y debe adaptarse a las necesidades individuales.