Frío y apetito relacionados con cambios en el gasto energético, las horas de luz y las rutinas
¿Por qué el frío puede aumentar el hambre?

¿Por qué el frío puede aumentar el hambre?

La llegada de temperaturas más bajas puede cambiar algo más que la ropa que usamos. En España, el paso hacia los meses fríos también puede modificar el apetito y hacer más atractivos alimentos calientes y contundentes. La temperatura, las horas de luz, las rutinas y distintos mecanismos del organismo pueden participar en estos cambios estacionales.

El cuerpo necesita conservar una temperatura interna estable y, al exponerse al frío, puede aumentar ligeramente su gasto energético para producir calor. Este proceso se conoce como termogénesis. Sin embargo, sentir más hambre durante el frío no ocurre de la misma manera en todas las personas y la evidencia científica muestra respuestas variables.

El frío puede cambiar el apetito

Una revisión científica encontró variaciones estacionales en el consumo de energía y señala que la temperatura y las horas de luz pueden influir en la conducta alimentaria. También intervienen la actividad física, las emociones, las celebraciones y otros factores sociales que cambian durante determinadas épocas del año.

Además, durante los meses fríos pueden resultar especialmente apetecibles sopas, guisos, legumbres y preparaciones calientes. Esto no significa que el organismo necesite automáticamente comer grandes cantidades. Las necesidades energéticas continúan dependiendo de factores individuales como actividad física, edad y estado general de salud.

Otra lectura: Plato equilibrado, una forma sencilla de organizar tus comidas

¿Qué comer cuando aumenta el hambre?

Una estrategia sencilla consiste en preparar comidas calientes con verduras, legumbres, cereales integrales y fuentes de proteína. También pueden incorporarse huevos, pescado, frutos secos y fruta. Estas opciones permiten conseguir platos reconfortantes y nutritivos sin depender constantemente de alimentos con grandes cantidades de azúcar o grasas saturadas.

Asimismo, conviene distinguir el hambre fisiológica de las ganas de comer asociadas con aburrimiento, estrés o búsqueda de confort. Mantener horarios razonables, prestar atención a la saciedad y conservar la actividad física puede ayudar a gestionar mejor los cambios de apetito durante la temporada fría.

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