Yoga para el corazón con movimiento, respiración y relajación para una vida activa
Yoga para el corazón, una práctica que puede apoyar la salud cardiovascular

Yoga para el corazón, una práctica que puede apoyar la salud cardiovascular

Mover el cuerpo no siempre significa correr, pedalear o realizar entrenamientos intensos. En Colombia, el yoga aparece como una alternativa accesible para mantenerse activo y complementar otros hábitos relacionados con el cuidado cardiovascular.

Esta práctica combina posturas, movimientos, respiración y relajación. Algunas investigaciones relacionan su práctica regular con mejoras en ciertos indicadores cardiovasculares. Sin embargo, no existe evidencia suficiente para considerarla superior a caminar, montar bicicleta u otros ejercicios.

Yoga para el corazón y la presión arterial

Uno de los aspectos más estudiados es su relación con la presión arterial. Una revisión publicada en 2025 analizó 30 ensayos clínicos con 2,283 participantes y encontró posibles reducciones en personas con prehipertensión o hipertensión.

Los investigadores advirtieron que la calidad de la evidencia era muy baja. Por ello, el yoga puede funcionar como complemento, pero no debe reemplazar medicamentos, controles médicos ni otras recomendaciones indicadas para tratar la hipertensión.

Además, las técnicas de respiración forman parte importante de esta disciplina. Un metaanálisis publicado en 2026 encontró que el pranayama puede reducir la frecuencia cardiaca y generar disminuciones modestas de la presión arterial.

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Una actividad adaptable a diferentes personas

El yoga también trabaja movilidad, equilibrio, fuerza y flexibilidad. Asimismo, existen modalidades con distintos niveles de exigencia, lo que permite adaptar la práctica a la edad, experiencia y condición física.

Quienes tienen enfermedades cardiovasculares, lesiones o limitaciones de movilidad deben consultar con un profesional antes de iniciar ejercicios exigentes. También conviene aprender las posturas correctamente y avanzar de manera gradual.

La revisión de 2025 reunió 30 ensayos controlados aleatorizados y encontró una reducción media cercana a 7.95 mmHg en la presión sistólica frente a grupos en lista de espera. Los propios autores señalaron que hacen falta investigaciones más amplias y de mayor calidad.

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