En España gran parte de la población ha incorporado las pantallas y dispositivos móviles en uno de los momentos más básicos de la vida: la comida. El uso constante de tecnologías durante las comidas influye en cómo comemos y también en cómo nos relacionamos con los alimentos y con las personas que nos rodean.
Las cifras parecen indicar que casi nadie deja el teléfono lejos de la mesa. Un estudio reciente muestra que el 98 por ciento de las personas utilizan nuevas tecnologías mientras comen en España.
¿Tecnología y hábitos alimentarios cómo se conectan?
Este fenómeno no solo es un reflejo de nuestra vida hiperconectada. También está vinculado con cómo interpretamos la comida y la experiencia de comer. Utilizar dispositivos durante la ingesta puede disminuir la atención que prestamos al acto de comer. Cuando el foco está puesto en la pantalla y no en lo que hay en el plato, el cuerpo no recibe señales claras de saciedad o gusto por los sabores. Esto puede hacer que comamos más rápido o sin darnos cuenta de cuánto hemos comido.
Del mismo modo, esta costumbre puede reducir la satisfacción emocional del momento. Según el estudio, cocinar y comer acompañado produce muchas más emociones positivas que hacerlo solo con dispositivos electrónicos cerca.
La ciencia nos recuerda que la interacción humana tiene un papel protector para nuestra salud alimentaria. Compartir la mesa fortalece vínculos, fomenta una ingesta más pausada y mejora la conexión con las señales internas de hambre y saciedad.
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