La etapa universitaria suele marcar un punto de inflexión en los hábitos de alimentación. En Estados Unidos, muchos estudiantes enfrentan por primera vez la responsabilidad total de decidir qué, cuándo y cómo comer. En enero, con el inicio de nuevos ciclos académicos, la nutrición vuelve a colocarse como un tema clave para el bienestar y el rendimiento cotidiano dentro de los campus.
Diversas instituciones han comenzado a impulsar modelos educativos más cercanos a la realidad estudiantil. Uno de ellos es la educación nutricional entre pares, donde los propios alumnos reciben formación para orientar a sus compañeros. Este enfoque busca que la información sea más accesible, práctica y alineada con los retos reales de la vida universitaria, como presupuestos limitados, falta de tiempo y presión académica.
Estudiantes como agentes de educación nutricional
En la Universidad de Carolina del Norte, la Gillings School of Global Public Health desarrolla programas en los que estudiantes capacitados comparten conocimientos básicos sobre alimentación saludable. Los contenidos incluyen planificación de comidas, lectura de etiquetas, equilibrio de macronutrientes y preparación de platillos sencillos, todo adaptado al entorno del campus y a las rutinas diarias.
El aprendizaje entre pares permite que la información se transmita en un lenguaje cercano, sin la barrera que a veces generan los entornos clínicos o académicos formales. Además, quienes participan como educadores fortalecen habilidades de comunicación y liderazgo, mientras que los estudiantes que reciben la orientación muestran mayor disposición a aplicar cambios concretos en su alimentación.
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Datos recopilados por programas universitarios indican que los estudiantes expuestos a este tipo de educación muestran mayor interés en organizar sus comidas y elegir opciones con mejor perfil nutricional. En enero, estas iniciativas se consolidan como una herramienta práctica para promover hábitos saludables desde etapas tempranas de la vida adulta.