Incluir pescado en la dieta diaria de los españoles no es solo una tradición arraigada, también es una decisión sabia para cuidar la salud. Aunque en los últimos años su consumo ha disminuido, el pescado sigue siendo uno de los alimentos más completos que existen: aporta proteínas de alto valor biológico, ácidos grasos esenciales y una gran variedad de vitaminas y minerales.
Consumir pescado, especialmente el azul como el atún o la sardina, ayuda a mantener el corazón sano gracias a su contenido de omega 3. Además, estos ácidos grasos contribuyen al buen funcionamiento del cerebro y pueden reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Por si fuera poco, el pescado es ligero, fácil de digerir y perfecto para quienes buscan una alimentación equilibrada sin renunciar al sabor.
Del mismo modo, el pescado aporta minerales como el fósforo, el yodo y el selenio, fundamentales para la salud ósea, el metabolismo y el sistema inmunitario. También es rico en vitaminas A, D y del grupo B, que favorecen la visión, la piel y la producción de energía.
Comer pescado también cuida el planeta
Optar por pescado capturado o producido de forma responsable es una forma de alimentarse cuidando al medio ambiente. La industria pesquera española está cada vez más comprometida con prácticas sostenibles y ofrece productos certificados que garantizan el respeto por los ecosistemas marinos.
Por otro lado, elegir pescado de temporada y de proximidad no solo es una opción más económica, sino también más ecológica, ya que reduce la huella de carbono asociada al transporte y la conservación.
Más de la mitad de los hogares españoles consumen pescado fresco al menos una vez por semana, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de agosto de 2025. Esto demuestra que aún existe una conciencia activa sobre sus beneficios, aunque reforzar su presencia en los menús diarios sigue siendo una tarea pendiente.
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