Las papas forman parte de la alimentación diaria en muchos hogares, pero su apariencia puede cambiar cuando se almacenan de forma incorrecta. Uno de los cambios más comunes es la coloración verde en la cáscara, un detalle que suele generar dudas sobre su seguridad para el consumo.
Este color aparece cuando la papa se expone a la luz durante periodos prolongados. La luz activa la producción de clorofila, el pigmento verde que también se encuentra en otras plantas. Aunque la clorofila no representa un riesgo por sí misma, suele ir acompañada de otras sustancias naturales que sí pueden afectar la salud.
La presencia de zonas verdes indica que la papa pudo haber aumentado la concentración de compuestos defensivos como la solanina. Estas sustancias ayudan a la planta a protegerse de plagas, pero en cantidades elevadas pueden resultar tóxicas para las personas.
Qué efectos puede tener en la salud
El consumo de papas con niveles altos de solanina puede provocar síntomas gastrointestinales como náuseas, vómitos, dolor abdominal y diarrea. En casos menos frecuentes, también se han reportado mareos y dolor de cabeza cuando la ingesta es elevada.
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La cocción no elimina por completo estas sustancias, por lo que hervir, freír u hornear una papa verde no garantiza que sea segura. Si la coloración es leve y localizada, se recomienda pelar profundamente y retirar las zonas afectadas. Sin embargo, cuando la papa presenta amplias áreas verdes o brotes visibles, lo más seguro es desecharla.
Para prevenir este problema, se recomienda almacenar las papas en un lugar fresco, seco y oscuro, lejos de la luz directa. Revisar su estado antes de consumirlas ayuda a reducir riesgos asociados a intoxicaciones alimentarias evitables.