No hace falta tener un máster en nutrición para notar cómo ciertos alimentos nos dejan llenos por horas y otros, en cambio, abren aún más el apetito. En España, donde el tapeo es casi sagrado, surgen dudas frecuentes: ¿qué sacia más, unas patatas fritas o unas aceitunas? La respuesta podría ayudarte a tomar decisiones más inteligentes la próxima vez que pidas algo para picar.
Ambas opciones son populares, sabrosas y relativamente fáciles de encontrar. Pero tienen efectos muy distintos en cómo se comportan nuestras hormonas del apetito. La dietista y divulgadora Boticaria García lo explicó recientemente en el programa Zapeando, basándose en datos científicos actualizados: las aceitunas estimulan la liberación de GLP-1, una hormona relacionada con la sensación de saciedad, mientras que las patatas fritas no lo hacen.
Aceitunas y saciedad: más allá del sabor
El GLP-1 es una hormona que se activa tras comer y le “avisa” al cerebro de que ya es suficiente. Su liberación natural está muy estudiada en la actualidad porque se relaciona con medicamentos modernos para tratar la obesidad. Las aceitunas, al ser una fuente de grasas saludables, ayudan a que esta hormona se libere de forma natural, prolongando así la sensación de plenitud.
Por otro lado, las patatas fritas tienen un efecto distinto: su alta carga de carbohidratos rápidos y grasa saturada provoca placer inmediato pero no saciedad duradera. Esto podría llevarnos a comer más sin darnos cuenta.
No se trata de satanizar ningún alimento, sino de aprender cómo responde el cuerpo. Escoger aceitunas como snack ocasional puede ayudarte a controlar el hambre entre comidas. Y si las acompañas con algo de proteína o fibra, el efecto se potencia aún más.
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