Dormir bien no depende solo de apagar el celular o acostarse temprano. En enero, cuando muchas personas revisan sus hábitos, la alimentación aparece como un factor clave que suele pasarse por alto. Una nutrición alta en dulces y azúcares añadidos se asocia con alteraciones en el descanso nocturno y con mayor dificultad para conciliar y mantener el sueño.
El consumo frecuente de dulces, refrescos y productos ultraprocesados provoca picos rápidos de glucosa en sangre seguidos de caídas bruscas. Estos cambios interfieren con los ritmos naturales del cuerpo y pueden traducirse en despertares nocturnos, sueño ligero o sensación de cansancio al despertar, incluso después de varias horas en la cama.
Nutrición alta en dulces y calidad del sueño
La evidencia reciente muestra que las dietas con alto contenido de azúcares añadidos se relacionan con mayor prevalencia de insomnio y descanso fragmentado. Este efecto se intensifica cuando el consumo ocurre por la tarde o noche, momento en el que el organismo debería prepararse para el reposo. Además, la combinación de azúcar con cafeína o bebidas energéticas puede prolongar el estado de alerta y retrasar el inicio del sueño.
Durante el día, una alimentación alta en dulces también altera la regulación del apetito y la energía. Esto favorece un ciclo poco favorable, ya que dormir mal incrementa los antojos de alimentos azucarados al día siguiente, reforzando el problema de fondo.
Ajustes simples para dormir mejor
Reducir gradualmente los azúcares añadidos y priorizar alimentos integrales ayuda a estabilizar los niveles de glucosa. Frutas enteras, verduras, cereales integrales y fuentes adecuadas de proteína favorecen una liberación de energía más constante y un descanso más profundo. De igual manera, mantener horarios regulares de comida apoya la sincronización del reloj biológico.
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Estudios recientes sobre hábitos alimentarios indican que las personas con menor consumo de azúcar añadido reportan menos interrupciones del sueño y mayor sensación de descanso al despertar, un dato que refuerza la relación directa entre lo que se come y cómo se duerme.