El invierno suele dejar huella en la piel. En diciembre, el descenso de temperatura y la baja humedad ambiental favorecen la resequedad, la sensación de tirantez y la pérdida de luminosidad. En México, este efecto se intensifica por el uso de calefacción y duchas calientes, factores que reducen la hidratación natural de la piel desde el interior.
La alimentación juega un papel clave en este proceso. Una dieta equilibrada aporta nutrientes que fortalecen la barrera cutánea y ayudan a conservar la humedad. Consumir frutas frescas, verduras y grasas de buena calidad permite que la piel se renueve con mayor eficacia y resista mejor las agresiones propias del clima frío.
Las frutas ricas en vitamina C, como naranja, guayaba y toronja, favorecen la producción de colágeno, proteína esencial para mantener firmeza y elasticidad. Asimismo, verduras de color naranja y verde intenso, como zanahoria, espinaca y calabaza, aportan vitamina A y antioxidantes que apoyan la regeneración celular y reducen la descamación.
Nutrición y piel seca en temporada invernal
Las grasas saludables también resultan fundamentales en esta época. Alimentos como sardinas, salmón, nueces, almendras y semillas de chía contienen ácidos grasos omega-3 que refuerzan la barrera lipídica de la piel y ayudan a retener agua. Del mismo modo, el aceite de oliva aporta vitamina E, un antioxidante que protege frente al daño ambiental.
Otro punto clave es la hidratación. Aunque en invierno suele disminuir la sensación de sed, beber agua de forma regular y consumir infusiones sin azúcar contribuye a mantener la piel flexible.
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Datos recientes en nutrición señalan que una dieta deficiente en grasas esenciales y vitaminas antioxidantes se asocia con mayor incidencia de piel seca y agrietada durante los meses fríos, lo que refuerza la importancia de cuidar la alimentación en esta etapa del año.