El 58 por ciento de las calorías consumidas en países de altos ingresos proviene de alimentos ultraprocesados, según datos de la Organización Mundial de la Salud. Un reciente estudio publicado en Cell Metabolism reveló que estas formulaciones industriales inducen a comer más, incluso cuando se igualan las calorías con dietas a base de alimentos frescos. Los participantes ingirieron alrededor de 500 calorías adicionales por día al seguir un menú dominado por ultraprocesados.
La investigación mostró que las dietas con ultraprocesados afectan las señales de saciedad. Los individuos tardaron más en sentirse satisfechos, lo que favoreció un consumo superior de grasas y carbohidratos refinados. Los alimentos con menor grado de procesamiento, en cambio, promovieron una ingesta más equilibrada y redujeron la necesidad de comer entre comidas.
Factores detrás del exceso
La densidad energética, el bajo contenido de fibra y la presencia de aditivos influyen directamente en la respuesta del organismo. Estos factores alteran la regulación del apetito y generan un círculo de ingesta constante. Además, la textura y rapidez de consumo de los ultraprocesados potencian el aumento de calorías sin aportar un valor nutricional proporcional.
Si este artículo te está gustando, te puede interesar: Con pequeños cambios nutrición después de los 60 impulsa energía
Implicaciones en la salud pública
El consumo elevado de ultraprocesados se asocia con obesidad, síndrome metabólico y enfermedades cardiovasculares. Instituciones de salud destacan la necesidad de limitar su ingesta para disminuir riesgos de largo plazo. Reducir la dependencia de estos productos implica priorizar alimentos integrales, frutas, verduras y proteínas de calidad en la dieta diaria.
Los hallazgos respaldan políticas que promuevan información clara en el etiquetado, impuestos específicos y campañas educativas. El objetivo es fomentar la transición hacia patrones alimenticios centrados en lo natural y menos dependientes de la oferta industrial.